El monaguill@ es un niñ@ que desea crecer en amistad y comunión con Jesús. Desea servirle, amarle y ayudar a otros a que le reciban y le amen. Es un servidor de Jesús, que en la persona del Sacerdote que celebra la Santa Misa, le sirve con amor y alegría.
Un Monaguill@ debe ser...
• fiel seguidor de Jesucristo
• fiel hijo de María
• defensor del papa y de la Iglesia Católica
• obediente a las normas establecidas
por los encargados
• responsable y constante en sus deberes
• cariñoso y obediente con sus padres
• enemigo de la pereza
• alegre, entusiasta y servicial
• apóstol de Cristo
• disponible a servir
Fragmento Instrucción Redemptoris Sacramentum sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía
Es muy loable que se conserve la benemerita costumbre de que niños o jóvenes, denominados normalmente monaguillos, esten presentes y realicen un servicio junto al altar, como acólitos, y reciban una catequesis conveniente, adaptada a su capacidad, sobre esta tarea. No se puede olvidar que del conjunto de estos niños, a lo largo de los siglos, ha surgido un número considerable de ministros sagrados.
Instituyanse y promuevanse asociaciones para ellos, en las que también participen y colaboren los padres, y con las cuales se proporcione a los monaguillos una atencion pastoral eficaz. Cuando este tipo de asociaciones tenga caracter internacional, le corresponde a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos erigirlas, aprobarlas y reconocer sus estatutos. A esta clase de servicio al altar pueden ser admitidas niñas o mujeres, según el juicio del Obispo diocesano y observando las normas establecidas.
Causa de Canonización
Un monaguillo valenciano de sólo 15 años es el más joven de los cerca de 250 mártires de la persecución religiosa de 1936 incluidos en la causa de canonización sobre la que la Iglesia estuvo buscando datos en los archivos de la guerra civil que estaban en Valencia y se trasladaron a Madrid.
Se trata de Antonio Ferrer Rodrigo, natural de Alfafar, que fue «torturado y fusilado por recriminar la actitud de unos milicianos que estaban saqueando la iglesia de su pueblo, en la que ayudaba al párroco», según argumentó el delegado diocesano para las Causas de los Santos del Arzobispado de Valencia, Ramón Fita. El joven, añadió, había logrado esconder en su casa algunos objetos de culto para salvarlos de la profanación. Entre estos están un cáliz y una cruz profesional.
Sin embargo, al ver como los asaltantes encendían una hoguera y arrojaban a ella una imagen del Sagrado Corazón «no pudo contenerse y comenzó a recriminar a los milicianos», señaló. Horas después fue detenido junto a su padre, que no quiso abandonarlo, y ambos fueron fusilados el 2 de diciembre de 1936.
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